El otro día vi en el metro un afiche en el que se invitaba a ver un video homenaje a Francisco Coppello en el Museo de Bellas Artes, el mismo lugar donde él hizo un homenaje a su amigo Andy Warhol y en el que tuve la suerte de participar, y sobre todo conocer a este olvidado y nunca reconocido artista, actor, profesor, grabador, performer, mimo, instalador, pero sobre todo artista.El año ante pasado fue la última vez que lo ví. Fue en una conferencia que se hizo en la escuela de teatro de la universidad de Chile, en una conversación que se invitó a connotados directores y artistas. Copello llegó un poco tarde, estábamos fumando en el pasillo mientras esperábamos. Llegó precedido por una prisa oscura, con un abrigo -era invierno- y un portafolios. Me saludó rápido, fríamente, saludó también rápidamente a la otra gente, casi con desdén y entró. Estuvo callado mientras alguien hablaba, él miraba al suelo, a nosotros, al hablante (no recuerdo quién era, cómo recordarlo si todo allí era él) y cuando le tocó hablar a él, recibió el micrófono con asco, y hablo como una gr
abadora de su estadía en Europa, trabajando con Warhol, sus grabados, sus premios, sus exposisciones. Como migajas que nos arrojaba veíamos que lo que decía era otra cosa.
Finalmente estalló.
-No puedo seguir hablando- dijo. Su estado lo justificaba, sus ojos suplicaban que no le pidiéramos más, sus ojos nos arrojaban eso en la cara.
-Hoy en la mañana me entregaron el resultado de un exámen que me ha confirmado que tengo SIDA, que estoy enfermo y que me voy a morir, lo siento, de verdad, ahora quiero irme nos dar más explicaciones. Me siento terrible... adiós.
Salió de la sala como llegó, y nadie se movió durante un momento, no podíamos con esto. Lo habíamos sospechado muchas veces, pero solemos huir de esas visiones, solemos estúpidamente cegarnos y no querer ver, no querer leer. Muchos que le conocimos, lo sospechamos alguna vez, pero este vómito no nos dejó indiferente, no pudimos seguir la conferencia y me fui a mi casa con una terrible sensación de muerte, de comprender la muerte, que todos nos podrimos hasta el momento en que no podemos más y comprendemos ese final.
Francisco Copello fue un artista admirable. Los dueños de la cultura se llevarán tiempo en comprenderlo, así como ha pasado siempre y seguirá pasando, por eso les odiamos. Por eso esperamos verlos caer.