diciembre 15, 2009
abril 15, 2009
Taxistas
La novena casta de transporte público, los ratones de alcantarilla, los piratas de la calle. Ellos, que engañan a los turistas, que se aprovechan de la gente que se queda sin micros, los últimos en pasar con la luz roja recién aparece y los primeros en cruzar cuando aún no cambia a verde, con una verdadero talento proféticos para adivinar los cambios de los semáforos. Ellos, los reyes de las infracciones, que gozan acosando ciclistas y ofendiendo a mujeres con poco talento automovilístico. Ellos, los ángeles de la bocina, que regentan la “buena conducción”: manejar rápido y tocar la bocina hasta reventar si alguien te tapa el paso; yo primero, dame la pasada.
El entorno perfecto para un taxista es una calle donde no hay peatones, ni ciclistas, ni otros vehículos y todos toman taxi hasta para ir a la esquina… y por supuesto, cobrar lo que ellos quisieran.
Lamentablemente esa actitud existe también en todos los rubros, pero es más claro verlo en el animal taxista acechando presas en la sabana santiaguina.
Temedles.