
Sabemos que nuestro continente fue abordado hace más de 500 años por un grupo zarrapatoso de hidalgos empobrecidos llenos de codicia. Hombres que bajo la venia de la iglesia, (que obsequió las tierras, nuestra tierra, a los reyes de España y Portugal) y en nombre de los reyes, tomaron posesión del continente y desde ahí, bajo el pretexto de la religión, que rompía con sus culturas y formas de vivir, fueron por todos lados buscando oro y plata y luego tierras para el azúcar, las bananas, el cobre... para convertirse en lo que en sus tierras de origen era imposible.
Europa, que entraba en el capitalismo, se encontraba empobrecida por el feudalismo, sobre todo España, que aún estaba en la edad media, donde sus aristócratas vivían de manera escadalosa sin trabajar, sin generar dinero ni nada, solo viviendo del fruto de sus vasallos... y esclavos.
Entre 1503 y 1660, llegaron al puerto de Sevilla 185.000 kilos de oro y 16.000.000 de kilos de plata... sin contar los que se quedaron con los conquistadores.
Y todo esto para entender que no se ha acabado y hoy día mismo, en Chile, las empresas que antes eran del estado, las de servicios básicon han sido compradas por españoles.
Pagamos el agua (aguas andinas), la electricidad (chilectra y ENDESA) el gas y el transporte (Transantiago) a empresas españolas.
En el resto de Latinoamérica pasa igual.
Sobre todo en las ciudades más ricas del continente hace 500 años, como es el caso de Potosí, en Perú.
Mientras tanto seguimos aquí cruzados de brazos, esperando al mesías, viendo televisión.
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